No soy un héroe, soy un gestor de comunidades

  • 13 junio, 2016
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Sí, mamá. Soy de esos que se intentan ganar la vida poniendo tres tonterías en el Facebook. Vamos, un trabajo de esos poco serios, que hacen parecer que estoy jugando. Miras a tu madre con cara de resignación, de esas que ponías cuando eras pequeño y te ponían por delante una rodaja de pescado frito con muchas espinas. Como el que ha perdido la batalla y piensas: ¿cómo puedo explicarle lo que hago?

La vida del gestor de comunidades –eso de community manager suena demasiado bien para el término que representa– es dura. Pocos saben lo que hay detrás. La preparación necesaria y las capacidades que debes adquirir para llevar a cabo ciertas tareas. Por eso, hoy que me lees, he decidido explicarte qué hago y cómo lo hago. Quizá tú sí puedas explicárselo a mi madre, o quién sabe, quizá te des cuenta de que gestionar perfiles de redes sociales lo puede hacer cualquiera, pero gestionar perfiles de redes sociales correctamente solo está al alcance de unos pocos.

«Sí, mamá. Soy de esos que se intentan ganar la vida poniendo tres tonterías en el Facebook. Vamos, un trabajo poco serio. Parece que estoy jugando»

 

Suena el despertador y pego un salto de la cama. ¿Qué me deparará hoy el día? Aseo, café, desayuno y revisión de mochila. Cámara de fotos sí, móvil sí, tableta sí, ordenador portátil sí, batería externa del smartphone sí, tarjetas de presentación sí, y libreta y bolígrafo sí. Todo listo para la aventura. Eh, espera, falta echar un vistazo a la gastada agenda. Mejor no echar la vista a páginas anteriores, puedes marearte de la impresión. ¡Vamos al lío!

09:00 .- Tengo una reunión con un posible cliente. Toca tomar el segundo café del día, poner mi mejor sonrisa y escuchar su historia. En este caso se trata una pequeña marca de moda masculina que quiere vender a través de su página web, aunque su presencia en redes sociales es nula. ¿Podrías hacer que tuviese muchos seguidores?, me insiste mientras le escucho pacientemente y me pongo el traje de su marca. Qué manía con eso de buscar cantidad de seguidores en redes sociales. ¿Nadie es capaz de hacer la pregunta correcta?

Calidad siempre es mejor que cantidad. Saco la libreta y le explico mi concepto de comunicación digital. Mire, lo importante es que tengas unas redes sociales bien aseaditas, que comuniquen tu esencia, que lleguen al público y que emocionen. Es importante que consigas que tus clientes confíen en ti y te hablen. Las redes sociales son para eso, para hablar e intercambiar opiniones con tus usuarios. Si haces eso, ya llegarán los seguidores, que no te quepa duda. Tras hablar de presupuestos y algunas ideas, me despido dejándole una tarjetita.

10:30 .- Llego a la oficina –vaya horitas, pensarán algunos. Lo otro es un desayuno entre amigos, ¿no?– y saco mi portátil para revisar los perfiles de la docena de clientes que gestiono. Respondo comentarios, apunto sugerencias, algún que otro retuit por aquí y me gusta por allá. Ahora, a programar el contenido del día siguiente. Abro el programa de curación de contenido y selecciono eso que me gustaría leer si siguiera a una marca. Restauración, moda, deporte, educación, diseño, odontología, derecho, y así tocando todos los palos de mis clientes. Vamos, que cuando juego al Trivial, difícilmente tengo rival.

12:30 .- Cojo el bus rumbo a una clínica oftalmológica. Aprovecho para seguir poniéndome al día con las redes sociales que dirijo desde mi smartphone. Hago un par de llamadas para comprobar que todo estará bien cuando llegue y allí que me planto. Me siento en un cómodo sofá y no es para que me hagan una revisión de la vista, es para reunirme con el dueño de la clínica y un fotógrafo. Quiere renovar las imágenes de su página web y de paso que sirvan como material para el Facebook e Instagram que yo mismo gestiono. Fantástica sesión de fotografía. Por suerte, el fotógrafo con el que trabajo es muy meticuloso en su forma de proceder.

«Está feo eso de dedicarte a esto y que cuando te busquen en Internet seas un don nadie –ojo, siempre lo seré hasta que no aparezca en Wikipedia–, ¿verdad?»

 

14:00 .- Pausa para comer. ¿Dónde? Claro, en uno de los restaurantes con los que trabajo. Hay que estar en permanente contacto con el cliente. Pido menú del día. De primero, un excelente arroz cremoso con calabacín y jamón. Para el segundo me decanto por un jugoso bacalao con nata y nueces. Termino con un café, el tercero del día. Vale, soy persona y necesito una pausa. Por eso aprovecho este almuerzo para coger la tableta y poner algunas cositas curiosas en mis propios perfiles personales. Está feo eso de dedicarte a esto y que cuando te busquen en Internet seas un don nadie –ojo, siempre lo seré hasta que no aparezca en Wikipedia–, ¿verdad?

15:30 .- Vuelta a la oficina. Suelto de nuevo el portátil y comienzo a redactar un par de post que tenía pendientes para tres blogs de unos clientes. Una historia sobre la cláusula Van Halen y sus famosos M&Ms. Otra sobre una receta de cocina y finalmente, un post sobre la moda de correr descalzos.

18:00 .- ¡A entrenar! Sí, pero yo no. Aunque claro, he optado por ir al campo de entrenamiento con el servicio de bicicletas municipales. Hay que mover esa grasita de más. Llego al club deportivo y hablo con el presidente del equipo de fútbol. Quería hacer un vídeo viral para conseguir recaudar fondos de cara a la nueva temporada, así que le muestro mi guión y mi storytelling –lo mismo pero con dibujitos. De vez en cuando sienta bien soltar una palabreja en inglés, así, para desconcertar– para ver su impresión. Claro, también tengo que explicarle algunas teorías sobre los contenidos virales en redes sociales. En algún momento me dan ganas de decirle que se espere un segundito, que saco la varita mágica y le monto un campañón en tres segundos. Saco mi teléfono móvil, que graba en alta definición, y les digo a los jugadores que tienen que soltarme algunas frasecitas. Lo cercano gusta al público.

«De vez en cuando sienta bien soltar una palabreja en inglés, así, para desconcertar»

 

19:30 .- Paro en una cafetería cercana para tomarme una tónica sola –llámame loco– y así refrescarme. No está siendo un día más duro de lo habitual, pero bueno, siempre a estas horas necesito parar un poco. Parar de andar, que de tiempo ando justito. Saco la tableta y empiezo a gestionar la agenda del día siguiente. ¡Hay que estar siempre listo! Quizá sea bueno enchufar la batería externa al móvil, que está tieso.

20:30 .- La jornada va llegando a su fin. Última parada, el restaurante en el que paré para comer. Acaban de llegar los ganadores de un sorteo que hicimos por Facebook. Han ganado una deliciosa cena para dos. Saco mi cámara de la mochila y les explico que tengo que hacerles algunas fotos para los perfiles de redes sociales del restaurante. Venga, una, dos y tres: PA-TA-TA.

Por fin llego a casa. Me doy una ducha y ceno algo ligerito. Llama mi madre y me pregunta por cómo me ha ido el día.

–Lo de siempre, Mamá. Mucho lío.

– ¿Las tres tonterías del Facebook que pones?

– Sí, mamá. Exacto.

 

Texto: Pablo Galavís (pablogalavis@laventanacomunicacion.es)

 

Compañía creativa de comunicacion digital y marketing de contenidos en Sevilla. Diseño web y editorial. Social media, corrección lingüística, manuales de estilo. Imaginación y finura.

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Somos comunicadores. Nos apasiona el mundo de la comunicación. En la pantalla, mayormente. Porque, al otro lado de esa excitante ventana, todo es comunicación.

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