¿Desea saber algo más, Mr. Zuckerberg?

  • 29 agosto, 2016
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Una vez más. Desde arriba. Un, dos, tres y… las empresas tienen datos tuyos desde que te compraste la primera Master System. Pero, si queréis, volvemos a ensayar la misma canción.

En los últimos días nuestra cibersociedad, autómata, hiperconectada, autoexpuesta y, en un plano menos tecnológico, narcisista, vanidosa y superficial ha puesto el grito en el cielo por la nueva política de privacidad de WhatsApp, que establece –por si alguien aún utiliza el teléfono solo para llamar e Internet para ahorrarse el euro del periódico– que Facebook podrá conectarse a la cuenta del usuario. Es decir, que la red social que compró WhatsApp en 2014 tendrá a partir de ahora más datos sobre sus usuarios. Qué invasión, ¿verdad? Yo me acabo de terminar la primera temporada de Mr Robot y estoy que cada vez que veo a alguien con traje de chaqueta negro me creo que sabe en qué cajón guardo los condones.

Las empresas se han vendido datos unas a otras desde que existe el marketing. Esto es, para los que no habéis visto Mad Men, desde mucho antes de la aparición de Internet. Es siempre la misma historia.

 

Desde que llegara la primera red social, que para muchos fue Tuenti, aunque hubo varias intentonas antes, nos hemos volcado con el servicio voluntario a empresas, vecinos y futuribles jefes, de exponer nuestra vida privada, gustos, aficiones y, por supuesto, datos. Pongamos que desactivas la opción que permite a la aplicación de mensajería instantánea compartir tu agenda con Facebook, esa red que conoce a tus contactos mejor que tú y que, si me apuras, seguro que tiene un algoritmo para predecir cuánto le queda a tu relación de pareja y con quién te van a poner los cuernos. Antes de hacer eso, tendrías que procurar eliminar de tu cuenta información como dónde estudiaste, dónde trabajas o has trabajado antes y, por favor, deja de compartir dónde has estado y hace cuántas horas que estuviste, ya que sería fácil extraer toda la información a la que Facebook pretende tener acceso de cualquiera de esos campos. Entonces, a lo mejor tiene un poquito de sentido que te moleste que dos compañías que pertenecen al mismo conglomerado compartan tus datos. Dado que la intersección que solapa los campos usuarios de Facebook y usuarios de WhatsApp es bastante amplia, desactivar la opción en el mejor de los casos sirve para hacerle al hacker legal la tarde un poco más entretenida en su oficina de Silicon Valey.

Sea como fuere, esto es, una vez más, la canción del verano. Siempre es igual, causa revuelo, y en octubre eres incapaz de recordar con claridad el estribillo. Cada vez que amenazan nuestra privacidad, cosa de cuya existencia a día de hoy dudo, los usuarios de los escaparates del ciberespacio se procuran de saber cómo montar la barricada que evite semejante ultraje para después exponerse de nuevo. Y esto es así desde que nos enteramos de que Twitter tenía derechos sobre nuestras fotos hasta cuatro años después de cerrar nuesta cuenta, pero llegó Facebook y volvimos a colgarlas. Luego, en el espejismo de seguridad que les da el haber hecho clic en una opción que ha diseñado la misma empresa contra la que quieres reaccionar, vendrán los selfies en la playa con la familia, la foto de trabajo con la ubicación, nombre de la compañia y etiquetas con los compañeros, la foto de “por fin tengo el carnet – en autoescuela pisapedales”, y las copas con los amigos con nombres, local, ciudad y hora. Todos usuarios de WhatsApp y de Facebook. Un  envío continuo de datos, una película servida en bruto a una misma compañía con dos nombres distintos para su uso, disfrute y enriquecimiento. A George Orwell, autor de la novela 1984, se le caerían los palos del sombrajo.

Lo que nos están ofreciendo es que, una vez que hemos decidido ser una masa idiotizada y maleable y exponernos a pecho descubierto, lo podamos hacer de la manera más fácil posible.

 

A mí, a estas alturas, me importa bastante poco quién sepa dónde me tomo la última copa el viernes, si con ello me va a saltar una alerta que me diga qué bar cercano sigue abierto. Ojalá en todas las decisiones que tomase en mi vida hubiese alguien pendiente de allanarme el camino con tanto esmero. ¿Desea saber algo más, Mr. Zuckerberg?

Texto: Rey Romero (reyromero@laventanacomunicacion.es)

 

Compañía creativa de comunicacion digital y marketing de contenidos en Sevilla. Diseño web y editorial. Social media, corrección lingüística, manuales de estilo. Imaginación y finura.

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