Soy alguien serio, soy profesor

  • 8 enero, 2017
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clase

Me miré de arriba abajo en el espejo del ascensor y asentí para confirmarme a mí mismo que la vestimenta era la correcta. Recuerda, me dijeron, arreglado pero no demasiado formal. Fuera vaqueros, por supuesto. Tampoco camisetas o zapatillas de estilo deportivo. Sobre mi hombro derecho caía una bolsa de cuero en la que guardaba mi inseparable MacBook Pro. Estaba preparado. Solo quedaba sacar una sonrisa y abrir la puerta, los alumnos me esperaban.

Y así me convertí en profesor. De la noche a la mañana. Con cara de crío pero dando clase a hombretones y mujeronas de cuarto curso de grado universitario.

 

Bueno, ¿qué más daba? Lo importante es que por fin hacía algo que mi familia entendiera como un trabajo real. Ya sabes, eso de community manager o gestor de comunidades es una modernuda para muchos, ¿no?

Entré en la clase y me presenté contando un poco mi vida profesional y personal. Los chicos y chicas al otro lado de sus mesas respondían con sus aficiones e intereses. Empecé a soltarles una parrafada, que prácticamente tenía memorizada. Al finalizar, hice una pregunta. Maldita la hora.

­– ¿Alguno quiere dedicarse al marketing digital?

– ¿Eso qué es? ¿Lo del Facebook?

– Bueno, creo que sí. Debe ser eso a lo que te refieres, aunque hay muchas más cosas. Es un mundo muy interesante.

– ¡Bah! Paso. Si necesito a algún community de esos ya lo contrataré para mi empresa, no hace falta que yo aprenda nada.

– Pero entonces, ¿cómo vas a valorar ese trabajo? ¿Cómo vas a contratar al más adecuado para tu empresa si no conoces lo que hay que hacer?

Bien, no me interesa lo más mínimo seguir con la conversación. Creo firmemente que ya te puedes hacer una idea de por dónde iban los tiros. Terminé la clase hundido. Literalmente hundido en mi asiento. Los alumnos abandonaron la sala y, en mi soledad, comencé a sudar por poros de mi cuerpo que ni siquiera sabía que existían. Fracaso absoluto. Salir por primera vez a hablar para 60 personas a punto de graduarse en una universidad no es tarea sencilla.

¿Cómo se prepara uno para ser un buen profesor de marketing digital?

 

Da igual que escribas sobre música a nivel nacional para la web de El Corte Inglés. Que prepares artículos para un gigante de los supermercados como La Plaza de DIA. Que redactes noticias y lleves los contenidos digitales de una multinacional como Japan Tobacco International. Que gestiones las redes sociales de Worten o que en tu oficina se haya montado la web de Divina Cocina con millones de seguidores e innumerables visitas en su página. Da igual todo esto. Nunca se está preparado para ser profesor. O eso pensaba. Me equivoqué.

Aún recuerdo una de mis primeras clases, la que lie para hablar sobre la segmentación del mercado. Porque sí, los que nos dedicamos al marketing digital hacemos más cositas además de jugar con Facebook, Twitter e Instagram. Solicité diez voluntarios y les hice quitarse los zapatos –previamente había solicitado gente bien aseadita–. Fui pidiendo uno a uno que clasificasen todas las zapatillas sin decir el motivo. Al final, me explicaron el porqué de su decisión. La talla, el color, la forma o el estilo fueron algunas de sus respuestas. Fácil, ¿no? Si es que no hay nada mejor que una buena práctica para digerir textos pesados. Comprendí que en el marketing digital hay mucha teoría, pero que lo mejor es trabajar casos prácticos y colocar a los alumnos en entornos reales.

No enseñes solo las claves de un vídeo viral, ¡que lo hagan! Oblígales a diseñar una newsletter y a hacer un seguimiento de las campañas. Que tus alumnos se abran un Twitter y lo gestionen como un profesional. Haz que desarrollen una identidad visual acorde a lo que su marca vende. Y por último, aunque por supuesto no menos importante, consigue que creen contenidos que emocionen.

Siempre digo que las notas no me interesan lo más mínimo. Curioso, sobre todo cuando pronuncias la palabra ‘examen’ y los alumnos se ponen más tiesos que un palo. Estoy harto de decirlo, de verdad. Joder, quiero que cuando mis alumnos salgan sepan hacer una buena estrategia de contenidos, con su calendario de publicaciones y todo. Que no les tiemble el pulso a la hora de leer o hacer un plan de redes sociales. Que sepan dirigir como es debido una crisis de reputación online. Que mejoren su imagen pública en estos perfiles.

Que sean capaces de nombrar palabros como Tweetdeck, Agorapulse o HootSuite sin despeinarse. En definitiva, que disfruten del pasado, pero viviendo el hoy.

 

Terminé este artículo y me miré de arriba abajo. Claro, asentí para confirmarme que estaba a gusto con lo que llevaba puesto encima. Recuerda, me dijeron, vístete como quieras, sal a clase y mételes el veneno en el cuerpo a los alumnos para que salgan de la universidad y se coman el mundo. Fuera vaqueros, por supuesto.

Texto: Pablo Galavís (pablogalavis@laventanacomunicacion.es)

 

Compañía creativa de comunicacion digital y marketing de contenidos en Sevilla. Diseño web y editorial. Social media, corrección lingüística, manuales de estilo. Imaginación y finura.

Sobre este blog

Somos comunicadores. Nos apasiona el mundo de la comunicación. En la pantalla, mayormente. Porque, al otro lado de esa excitante ventana, todo es comunicación.

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